| 2 cuotas de $15.450 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $30.900 |
| 3 cuotas de $10.300 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $30.900 |
| 1 cuota de $30.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $30.900 |
| 2 cuotas de $18.799,56 | Total $37.599,12 | |
| 3 cuotas de $12.914,14 | Total $38.742,42 | |
| 6 cuotas de $7.065,28 | Total $42.391,71 | |
| 9 cuotas de $5.069,66 | Total $45.626,94 | |
| 12 cuotas de $4.078,80 | Total $48.945,60 | |
| 24 cuotas de $2.910,13 | Total $69.843,27 |
| 3 cuotas de $13.303,48 | Total $39.910,44 | |
| 6 cuotas de $7.303,21 | Total $43.819,29 | |
| 9 cuotas de $5.464,83 | Total $49.183,53 | |
| 12 cuotas de $4.475,60 | Total $53.707,29 |
| 3 cuotas de $13.341,59 | Total $40.024,77 | |
| 6 cuotas de $7.512,82 | Total $45.076,92 |
| 18 cuotas de $3.274,02 | Total $58.932,48 |
| 1 cuota de $30.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $30.900 |
| 1 cuota de $30.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $30.900 |
| 12 cuotas de $4.254,93 | Total $51.059,16 |
| 3 cuotas de $11.313,52 | Total $33.940,56 | |
| 6 cuotas de $6.110,99 | Total $36.665,94 | |
| 9 cuotas de $5.057,98 | Total $45.521,88 | |
| 18 cuotas de $3.556,93 | Total $64.024,80 |
| 1 cuota de $35.720,40 | Total $35.720,40 | |
| 6 cuotas de $6.650,71 | Total $39.904,26 |
| 3 cuotas de $12.701,96 | Total $38.105,88 | |
| 6 cuotas de $7.225,96 | Total $43.355,79 | |
| 9 cuotas de $5.553,41 | Total $49.980,75 | |
| 12 cuotas de $4.689,59 | Total $56.275,08 | |
| 18 cuotas de $3.889,96 | Total $70.019,40 |
Hacer a un lado todas las preocupaciones y estudios terrenales y delegarlos a otra persona constituye una motivación muy atractiva para algunos; pues indudablemente hay quienes quieren retirarse y estudiar, como demuestran la teología con sus refinamientos y la erudición con sus sutilezas; para otros, es cierto, esa motivación es una motivación pobre, mezquina, el motivo de la separación entre la Iglesia y el pueblo, entre la literatura y el pueblo, entre el marido y la mujer, y que ha desempeñado un papel importante en sacar de quicio a la totalidad de la Commonwealth. Pero cualesquiera sean las motivaciones fuertes e inconscientes que subyacen a la exclusión de las mujeres del sacerdocio -y es evidente que aquí no vamos a enumerarlas, mucho menos escarbar hasta sus raíces-, la hija del hombre instruido puede confirmar, a partir de su experiencia, que “es común, e incluso frecuente, que dichas concepciones sobrevivan en el adulto a pesar de la irracionalidad que las caracteriza y traicionen su presencia debajo del nivel del pensamiento consciente a causa la fuerza de los sentimientos que despiertan”.
