Tecnología, guerra y fascismo, Herbert Marcuse

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Toda protesta es absurda, y el individuo que insista en su libertad de acción se convertiría en un excéntrico. No hay escape personal del aparato que ha mecanizado y estandarizado el mundo. Es un aparato racional, que combina la mayor eficiencia con la mayor conveniencia ahorrando tiempo y energía, eliminando lo sobrante, adaptando todos los medios al fin, anticipando consecuencias, prolongando la calculabilidad y la seguridad. Al manipular la máquina, el hombre aprende que la obediencia a las instrucciones es el único camino para obtener los resultados deseados. La prosperidad es idéntica a los ajustes al aparato. No hay espacio para la autonomía. La racionalidad individualista se ha desarrollado en la conformidad eficiente con el continuo ya dado de los medios y los fines.

Herbert Marcuse nació en Berlín, Alemania, en 1898. Su familia era judía y tenía una buena posición económica. Interesado por la política desde muy joven, estudió filosofía en las universidades de Berlín y Friburgo, donde conoció a Edmund Husserl y Martin Heidegger, que fue el director de su tesis, con la que se doctoró en 1922. En 1933, ingresó en el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt (la Escuela de Frankfurt), que fue clausurado ese mismo año por el régimen nazi. Marcuse, junto a otros integrantes de la Escuela de Frankfurt, optó por irse a Estados Unidos, y adoptó la nacionalidad estadounidense en 1940. Fue docente en las universidades de Columbia, Harvard, Boston y San Diego, y gran inspirador del movimiento estudiantil que culminó en el Mayo del 68. Murió en 1979.

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