El ritmo no perdona, Camila Caamaño y Amadeo Gandolfo

$40.000

El trap marcó un antes y un después en la música argentina. Objeto de fanatismo, consumo juvenil masivo y blanco de prejuicios, su vertiginoso pasaje del freestyle callejero a llenar estadios lo vuelven un fenómeno que tenía que ser pensado. Y a eso se dedicaron Camila Caamaño y Amadeo Gandolfo: a la desafiante tarea de historizar un género en constante mutación, que deriva del hip-hop para llegar al reggaetón, mezclarse con el rock, el pop o la cumbia villera, volverse fórmula hegemónica y finalmente estallar en multiplicidad de sonidos.

En los doce años que abarca este libro, el trap se ganó su lugar como soundtrack de una época, siendo expresión de una cultura precarizada e hiperconectada, atravesada por acontecimientos como el desarrollo de las plataformas musicales, los canales de streaming o el encierro durante la pandemia. Desde la incontenible explosión en una plaza de El quinto escalón a liderar rankings mundiales, de los experimentos adoles-centes de Duki, YSY A y Neo Pistea en una casa de Villa Crespo a la consagración de artistas como Dillon, Cazzu, Wos y Trueno, de figuras aptas para todo público como Maria Becerra o Lali y de fenómenos internacionales como Bizarrap o CAZRIEL & Paco Amoroso, El ritmo no perdona sigue el derrotero de una escena que cambió definitivamente cómo se produce, consume y circula música en el siglo XXI argentino.

-Mediante un estilo que bordea la oralidad, Camila Caamaño y Amadeo Gandolfo buscan inaugurar un espacio para que sobreviva la critica. Porque, como lo afirman desde la primera sentencia, "Este es un libro de critica musical". Lo que parece "espontáneo" en su modus operandi al coescribir esta historia es, en realidad, una forma lúdica y lúcida de adaptación a los tiempos que corren. ¿O acaso este formato no se mimetiza con el duelo entre raperos? Es hora de afinar los oidos, aunque lo que oigamos no nos guste. Camila y Amadeo, les agradezco tanto que exista este libro, aunque el trap ya haya sido perdonado. -Pablo Schanton

Compartir: