| 2 cuotas de $20.500 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $41.000 |
| 1 cuota de $41.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $41.000 |
| 2 cuotas de $24.944,40 | Total $49.888,80 | |
| 3 cuotas de $17.135,26 | Total $51.405,80 | |
| 6 cuotas de $9.374,65 | Total $56.247,90 | |
| 9 cuotas de $6.726,73 | Total $60.540,60 | |
| 12 cuotas de $5.412 | Total $64.944 | |
| 24 cuotas de $3.861,34 | Total $92.672,30 |
| 3 cuotas de $17.651,86 | Total $52.955,60 | |
| 6 cuotas de $9.690,35 | Total $58.142,10 | |
| 9 cuotas de $7.251,07 | Total $65.259,70 | |
| 12 cuotas de $5.938,50 | Total $71.262,10 |
| 3 cuotas de $17.702,43 | Total $53.107,30 | |
| 6 cuotas de $9.968,46 | Total $59.810,80 |
| 18 cuotas de $4.344,17 | Total $78.195,20 |
| 1 cuota de $41.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $41.000 |
El regalo de la escritura de Mary Oliver es comunicar la belleza sencilla del mundo y hacerla inolvidable. Esto nunca ha sido más cierto que en la luminosa colección de ensayos y poemas que conforma «Vita longa». Con la gracia, la delicadeza y la precisión que caracterizan toda su obra, Mary Oliver nos muestra en este libro que escribir «es una forma de alabar el mundo», y nos sugiere, de forma aparentemente sutil pero inapelable, que leamos sus ensayos y sus poemas como «repentinos aleluyas» con los que celebrar el esplendor de la existencia. Así, ya sea relatando su encuentro con un pececillo varado en la marea baja, o la sensación sagrada de ser bautizada por el agua que emana del espiráculo de una ballena, o la conexión que trasciende todas las palabras y que, por un instante, une su alma con el paisaje, Mary Oliver invita a sus lectoras y lectores a reencontrarnos a nosotros mismos y a volver a situar nuestras experiencias en el lugar que verdaderamente merecen: el centro del mundo. Pero, además, también nos habla de sus escritores favoritos, sobre los que escribe y reescribe como si su amor por ellos y su deseo de atrapar la esencia última de su obra no se agotara nunca. El torbellino de belleza y perplejidad que le sugiere William Wordsworth; el inquietante regusto dulzón que siempre le deja Nathaniel Hawthorne o la admirable determinación que aprende de Ralph Waldo Emerson, quien le recuerda, a ella y a nosotros, que «la auténtica vocación de un ser humano hace girar todas las pesadas velas de su existencia hacia ese propósito superior». ¿Qué otra cosa sería Vivir, escrito con una gran V mayúscula?
