| 2 cuotas de $10.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $20.000 |
| 1 cuota de $20.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $20.000 |
| 2 cuotas de $12.168 | Total $24.336 | |
| 3 cuotas de $8.358,66 | Total $25.076 | |
| 6 cuotas de $4.573 | Total $27.438 | |
| 9 cuotas de $3.281,33 | Total $29.532 | |
| 12 cuotas de $2.640 | Total $31.680 | |
| 24 cuotas de $1.883,58 | Total $45.206 |
| 3 cuotas de $8.610,66 | Total $25.832 | |
| 6 cuotas de $4.727 | Total $28.362 | |
| 9 cuotas de $3.537,11 | Total $31.834 | |
| 12 cuotas de $2.896,83 | Total $34.762 |
| 3 cuotas de $8.635,33 | Total $25.906 | |
| 6 cuotas de $4.862,66 | Total $29.176 |
| 18 cuotas de $2.119,11 | Total $38.144 |
| 1 cuota de $20.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $20.000 |
La poesía se construye en sólido sin albañiles ni presencia de ningún sindicato, intervienen materiales que perduran por siempre y terminan creando un espacio tan palpable como el hormigón, es hormigón mental. Se puede habitar en ella, se puede volver a ella. A mediados de los ochenta atravesaba el fin de la adolescencia en el barrio de Lanús, un paisaje compuesto en distintas gamas de grises y pardos. Un grupo de referentes, a los que llamábamos 'Los grandes' porque tenían la cualidad de conseguir y usar drogas, deciden aventurarse de vacaciones a Río de Janeiro. Este pequeño grupo de muchachos que promediaba a los 22 años estaba compuesto por dos Betos, un Cosme, un Fabián y un personaje bastante colorido del que no se conocía demasiado, llamado Carlitos Vicio. Carlitos era el más inocente del grupo, tenía un talento especial para imitar voces de los distintos megáfonos y propaladoras que en esos tiempos pasaban por el barrio vendiendo sandías, pescado, cacharros y comprando de todo, a lo que usualmente se llama botellero o caqrros de cirujas. Carlitos tenía un aspecto inofensivo, de gran porte y relleno, con melena hasta los hombros parafinada hacia las puntas. Resulta que este grupito de jóvenes ni bien llegaron a la capital Carioca se fueron con sus bolsos y pertenencias a la playa de Copacabana, armaron un porro gigante y lo prendieron como quienes disfrutan en un podio tras haber llegado a la meta de su travesía. Pasaron tan solo unos minutos cuando se vieron rodeados por la policía que con muy malos modos los encarceló.
