La desaparición del paisaje, Maximiliano Barrientos

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Esta novela forma parte de cierta épica del regreso, y como toda narrativa del regreso, no cuenta la historia de una reconciliación, sino la de un extrañamiento. Siempre se vuelve a la tierra de los afectos como un extraño. Vitor Flanagan escapó de Santa Cruz, de Bolivia, porque su madre había muerto cuando él era niño, y porque mientras se hacía adulto comprendió que irse era la única vía de no convertirse en su padre, un violento alcohólico que trataba de sobrevivir a la muerte de su esposa. Doce años después de haber llevado una vida errática en Estados Unidos, Vitor vuelve a su ciudad tras haber perdido todo contacto con la gente que lo quiso. Tres mujeres suponen en el presente todo lo que fue su vida en el pasado: María, viuda de su padre, una especie de madre sustituta y un silencioso testigo de la disolución de la familia; Fabia, la hermana de Vitor, que alberga hacia él un resentimiento profundo por haber desaparecido de su vida, por haberse olvidado de ellos. Y Laura, su antigua novia, ahora casada con otro. La desaparición del paisaje es una novela sobre la culpa, sobre la clase media cruceña (esa cosa difícil de precisar en tiempos de cambios sociales tan contundentes en Bolivia), sobre cómo los hijos que nunca tendrán hijos sobrellevan el luto por la muerte del padre, sobre el alcoholismo (que en más de un sentido se convierte en la verdadera patria de los personajes). Es una novela sobre la responsabilidad que implica sobrevivir a las personas que se aman y sobre cómo asumir ese tipo de soledad: la soledad de ser un superviviente.

«En muchos de mis textos he contado distintas historias de desapariciones. Gente que asume el reto de perderse. Me gusta pensar en esta nueva novela como la contraparte a ese deseo, la historia de un hombre que vuelve al lugar donde se convirtió en adulto y todo lo que sucede en ese gesto. La pensé como la historia de una familia, de un acontecimiento que precipitó su desmoronamiento y del lento proceso de reconstrucción que emprende el propio narrador.»

Maximiliano Barrientos 

15 DE AGOSTO DE 1987

LA TARDE 

    la luz adquiere densidad en su pelo mojado, toco
la luz al tocar su pelo
   digo al tocar tu pelo toco la luz
   mi mujer no entiende de qué hablo, sigue
frotándose la cabeza con la toalla
   digo vení aquí
   no no no no
   vení puej
   no ya te dije que no no aquí
   arisca, seria, pero es una seriedad fingida
   digo los pelaos no están así que no sé por qué
estás tan pudorosa
   quedate ahí no ahora no aquí
   va hasta la ventana pa verlos jugar en el jardín
   digo vení un ratingo no te hagás de rogar
   la abrazo, me aparta, ríe
   toda ella huele a jabón, ese olor ahora está en
mis dedos
   sus ojos me llenan la cabeza de resplandores
   todo amontonado en sus ojos
   lo que vio, lo que se hizo pedazos 
   lo que sobrevivió y se convirtió en recuerdos
   digo todo amontonado en tus ojos
   me da la espalda y camina descalza dejando marcas
   de agua en el piso porque recién ha salido de la
   ducha
   salgo a la tarde, me siento en el pasto, el sudor
   escurre por mi cuello

[Principio del libro]

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