| 1 cuota de $19.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $19.000 |
| 2 cuotas de $9.500 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $19.000 |
| 6 cuotas de $4.184,43 | Total $25.106,60 | |
| 9 cuotas de $3.028,81 | Total $27.259,30 | |
| 12 cuotas de $2.460,34 | Total $29.524,10 | |
| 24 cuotas de $1.678,25 | Total $40.278,10 |
| 6 cuotas de $4.381,72 | Total $26.290,30 |
| 6 cuotas de $4.680,97 | Total $28.085,80 | |
| 9 cuotas de $3.563,98 | Total $32.075,80 | |
| 12 cuotas de $2.959,88 | Total $35.518,60 |
| 18 cuotas de $1.909,18 | Total $34.365,30 |
| 1 cuota de $19.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $19.000 |
El célebre filósofo italiano Giorgio Agamben rastrea en este breve libro las características del “gusto” y sus implicancias en la compresión del mundo.
En contraste con el estatuto de privilegio otorgado a la vista y el oído, en la tradición de la cultura occidental se clasifica al gusto como un sentido inferior, cuyos placeres el hombre comparte con otros animales y en cuyas impresiones no se mezcla lo moral. En Hegel, el gusto es lo contrario de la visión y la audición, porque, entre otras cosas, “no se puede degustar una obra de arte como tal, dado que el gusto no deja al objeto libre por sí, sino que lo disuelve y lo consume”. Sin embargo, en griego y en latín modernos, el gusto se relaciona etimológica y semánticamente con la esfera del saber, como un acto de conocimiento. A lo largo de los siglos XVII y XVIII se comienza a distinguir el gusto como una facultad específica, encargada del juicio y del disfrute de la belleza.
