Litio, Malen Denis

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Litio es una novela corta, de capítulos que raramente exceden las tres páginas y que parece el intrincado viaje interno en primera persona de una chica sin nombre que, mientras cuida la casa y los gatitos bebé de una ex pareja, atraviesa tres duelos. Dos relacionados con este chico, durante años idealizado por ella y actualmente víctima de algún tipo de desorden mental (o no): uno físico, porque ese chico ya no está, y si bien hace años que no está con ella, además ahora está internado (o eso creemos) en algún lugar; y otro simbólico, ya que quien fue el hombre más importante de su vida no resulto ser quién ella creía o quería creer. Los indicios que la protagonista entrega indican que la razón de todo fue una sórdida situación de violencia de género hacia su pareja. El tercer duelo es el de la madre de la chica, que decidió quitarse la vida poco tiempo antes.

“Esta chica está velando ausencias todo el tiempo: vivió dos abandonos atravesados por mucha violencia y se pregunta si son lo mismo aunque no lo diga. Me interesan esos paralelismos, esos hilos que tiende la mente sola”, cuenta la autora. Ella cuida los gatitos de su ex, se siente extraña en esa casa que alguna vez conoció, rompe cosas sin querer y todo habla por todo aquello no dicho en su relación con esta persona, sin nunca entender qué pasa en su aislamiento: si realmente recibe ayuda psiquiátrica o si es algún tipo de protección ante los hechos violentos que cometió, en un clásico caso de encubrimiento por parte de un entorno.

Para Malén, esta ambiguedad resulta necesaria ya que la violencia de género suele descansar en su inabarcable condición de amorfa, de velada, de camuflada. Imposible hablar de violencia de género sin hablar de confusión, de desplazamiento. Y Denis, quien también dictó un taller sobre Escritura e Intimidad, no concibe un límite concreto entre realidad y ficción. “Empecé a escribir Litio a finales de 2015. Justo me tocó cuidar la cada de un gran amigo, con el que la literatura tiene mucho que ver con nuestra relación. Tenía dos gatos que habían tenido gatitos, muy bebés, y yo tenía que observar todos los pequeños cambios que pasaban en cuestión de horas. Y ahí empecé una especie de diario sobre el cuidado de estos gatos. A la vez, estaba pasando algo muy fuerte en mi grupo de amigos de empezar a darnos cuenta de que cosas que antes tomábamos por ‘locura’, por ‘es un loquito’, en realidad eran violencia de género.”

“Siempre me interesaron los límites de la enfermedad mental, y quién define donde empieza la locura”, reconoce la escritora. “Pero no me di cuenta de que estaba escribiendo sobre eso hasta las sucesivas ediciones que fui haciendo. La obsesión por el cuidado... yo creo que hay algo de que no nos habíamos animado a cuidarnos entre nosotras ni a nosotras mismas. Pensábamos que así se tenía que sentir el amor.”

El lenguaje poético atraviesa una novela que tiene poco de estructura de causas y efectos y mucho de imágenes internas, recuerdos, retazos y evocaciones que sin embargo no son estáticas sino que se hacen cargo de su propia definición de acción: ni más ni menos que el darse cuenta, el seguir adelante, el sanar o por lo menos asumir que hay que intentarlo. La metáfora, más que un recurso, es el núcleo duro de la novela, que trata sobre lo no decible, eso silenciado que de todas maneras brota de formas misteriosas.

Por ejemplo, en el capítulo inicial la protagonista narra su primera interacción con este chico: “La alegría me invadió como un látigo eléctrico”, explica. A Malén le gusta volver sobre esa frase que de alguna manera contiene el tema central de la novela. “Un látigo eléctrico... Tampoco está todo tan bien. Con todos esos personajes de nuestra vida que son una basura, las pistas estaban ahí. Me gusta esa posibilidad tensa del lenguaje que viene de la poesía.”

Denis se ríe del hecho de que, siendo hija de una psicoa