| 1 cuota de $20.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $20.000 |
| 2 cuotas de $10.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $20.000 |
| 6 cuotas de $4.404,67 | Total $26.428 | |
| 9 cuotas de $3.188,22 | Total $28.694 | |
| 12 cuotas de $2.589,83 | Total $31.078 | |
| 24 cuotas de $1.766,58 | Total $42.398 |
| 6 cuotas de $4.612,33 | Total $27.674 |
| 6 cuotas de $4.927,33 | Total $29.564 | |
| 9 cuotas de $3.751,56 | Total $33.764 | |
| 12 cuotas de $3.115,67 | Total $37.388 |
| 18 cuotas de $2.009,67 | Total $36.174 |
| 1 cuota de $20.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $20.000 |
Al llegar el calor, los caminos se llenan de panaderos, dientes de león, estrellas, botones de oro, pelusitas de viento, soffioni, o como cada quien prefiera llamarios.
Cualquier momento sirve - un rato, un minuto, un instante apenas - para soplar un viento nuevo y abrir la oportunidad de descubrir el mundo.
Pero si eso sucede en diciembre, tal vez por ser el último mes del año, aparece la magia perfecta o la excusa sencilla para encontrar los huecos de un universo donde la palabra y la música laten y juegan, tejiendo un puente capaz de unir el pasado con el presente y la luz de un mañana.
Así que si ves un panadero volando, no lo dejes pasar:
Soplá, pedí, deseá.
