| 1 cuota de $37.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $37.000 |
| 2 cuotas de $18.500 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $37.000 |
| 6 cuotas de $8.148,63 | Total $48.891,80 | |
| 9 cuotas de $5.898,21 | Total $53.083,90 | |
| 12 cuotas de $4.791,19 | Total $57.494,30 | |
| 24 cuotas de $3.268,18 | Total $78.436,30 |
| 6 cuotas de $8.532,82 | Total $51.196,90 |
| 6 cuotas de $9.115,57 | Total $54.693,40 | |
| 9 cuotas de $6.940,38 | Total $62.463,40 | |
| 12 cuotas de $5.763,98 | Total $69.167,80 |
| 18 cuotas de $3.717,88 | Total $66.921,90 |
| 1 cuota de $37.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $37.000 |
El cine podría ser la última forma modernista o la primera posmodernista, pero ha contaminado infamemente a toda otra forma artística con la que ha entrado en contacto (especialmente a la novela de principios del siglo XX). El cine comercial, con frecuencia realizado en Estados Unidos, maravilló a futuristas, dadaístas y surrealistas; al igual que otras formas de cultura de masas norteamericanas como el jazz, los comics y el periodismo sensacionalista. El cine podría ser o no una religión, pero, en su primitivismo emocional y su tecnología de avanzada, está más próximo a los orígenes cultuales del arte que la pintura o el teatro. El cine podría ser o no un lenguaje, pero ciertamente es una literatura: un cuerpo de textos interrelacionados que se refieren entre sí, y que no son simplemente films, sino también estrellas, directores, géneros, industrias nacionales y más.
J. H.
