| 1 cuota de $25.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $25.900 |
| 1 cuota de $25.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $25.900 |
| 3 cuotas de $8.633,33 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $25.900 |
| 2 cuotas de $12.950 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $25.900 |
| 6 cuotas de $5.704,04 | Total $34.224,26 | |
| 9 cuotas de $4.128,74 | Total $37.158,73 | |
| 12 cuotas de $3.353,83 | Total $40.246,01 | |
| 24 cuotas de $2.287,72 | Total $54.905,41 |
| 6 cuotas de $5.972,97 | Total $35.837,83 |
| 6 cuotas de $6.380,89 | Total $38.285,38 | |
| 9 cuotas de $4.858,26 | Total $43.724,38 | |
| 12 cuotas de $4.034,78 | Total $48.417,46 |
| 18 cuotas de $2.602,51 | Total $46.845,33 |
| 1 cuota de $25.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $25.900 |
| 1 cuota de $25.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $25.900 |
| 12 cuotas de $3.566,43 | Total $42.797,16 |
| 3 cuotas de $9.482,85 | Total $28.448,56 | |
| 6 cuotas de $5.122,15 | Total $30.732,94 | |
| 9 cuotas de $4.239,54 | Total $38.155,88 | |
| 18 cuotas de $2.981,37 | Total $53.664,80 |
| 1 cuota de $29.940,40 | Total $29.940,40 | |
| 6 cuotas de $5.574,54 | Total $33.447,26 |
| 3 cuotas de $10.646,62 | Total $31.939,88 | |
| 6 cuotas de $6.056,71 | Total $36.340,29 | |
| 9 cuotas de $4.654,80 | Total $41.893,25 | |
| 12 cuotas de $3.930,75 | Total $47.169,08 | |
| 18 cuotas de $3.260,52 | Total $58.689,40 |
Una bruja. Un espantapájaros. Y una de esas historias a las que Orson Welles llamaba «inmortales» (y nunca mejor dicho en este caso).Nathaniel Hawthorne era experto en el «vaciado psicológico» de sus personajes, algo que aproxima su literatura, sin duda, a algunos de los escritores modernos más radicales, como sus grandes admiradores Melville, Kafka y Beckett.El otro elemento que hace de Hawthorne un contemporáneo nuestro es, por extraño que parezca, su debilidad por la alegoría: un umbral entre tiempos, una suerte de mecanismo que se afana por traer de vuelta un pasado condenado a la desaparición y al olvido.El espantapájaros ocupa un lugar muy particular en la obra de Hawthorne. Se trata de una de las piezas mejor logradas de toda su producción. Y lo es precisamente por el rigor con el que asume, y al cabo exaspera, sus premisas alegóricas: he aquí, ante el lector del siglo XXI, una estupenda vanitas, ese extraño género de bodegón alegórico, tan popular en el Barroco, que juntaba en el cuadro objetos inanimados y efímeros con el fin de aleccionar al espectador sobre la fugacidad de la vida y la banalidad de los placeres mundanos. Pocos relatos encierran tan fértiles contradicciones como éste. Pocos hay tan sugerentes.
