| 1 cuota de $36.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $36.900 |
| 2 cuotas de $18.450 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $36.900 |
| 6 cuotas de $8.126,61 | Total $48.759,66 | |
| 9 cuotas de $5.882,27 | Total $52.940,43 | |
| 12 cuotas de $4.778,24 | Total $57.338,91 | |
| 24 cuotas de $3.259,35 | Total $78.224,31 |
| 6 cuotas de $8.509,76 | Total $51.058,53 |
| 6 cuotas de $9.090,93 | Total $54.545,58 | |
| 9 cuotas de $6.921,62 | Total $62.294,58 | |
| 12 cuotas de $5.748,41 | Total $68.980,86 |
| 18 cuotas de $3.707,84 | Total $66.741,03 |
| 1 cuota de $36.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $36.900 |
Con claridad y soltura, Diego Fischerman nos explica cómo es que la música de ese siglo es la única para la cual no hay una estética fijada de antemano: es la que inaugura, antes de existir, la necesidad de preguntarse acerca de su estética y la única que partió de la posibilidad de no ser música.
Un genial recorrido por distintos países y líneas de creación, que van de Debussy en Francia, Wagner en Alemania, Schöenberg y el dodecafonismo, la música producida especialmente para ballet, su relación con la política, el azar en John Cage, entre muchas otras.
Si hay algo que caracteriza a la producción musical a partir del siglo xx, señala Diego Fischerman, es la diversidad estética: ya no hay una sola música y ni siquiera se aspira a ella. Esto supuso la búsqueda de nuevos principios constructivos, el protagonismo de nuevas variables sonoras y el desarrollo de un nuevo discurso, pero siempre en diálogo con la música del pasado.
