| 1 cuota de $33.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $33.900 |
| 2 cuotas de $16.950 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $33.900 |
| 6 cuotas de $7.465,91 | Total $44.795,46 | |
| 9 cuotas de $5.404,04 | Total $48.636,33 | |
| 12 cuotas de $4.389,77 | Total $52.677,21 | |
| 24 cuotas de $2.994,36 | Total $71.864,61 |
| 6 cuotas de $7.817,91 | Total $46.907,43 |
| 6 cuotas de $8.351,83 | Total $50.110,98 | |
| 9 cuotas de $6.358,89 | Total $57.229,98 | |
| 12 cuotas de $5.281,06 | Total $63.372,66 |
| 18 cuotas de $3.406,39 | Total $61.314,93 |
| 1 cuota de $33.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $33.900 |
Con claridad y soltura, Diego Fischerman nos explica cómo es que la música de ese siglo es la única para la cual no hay una estética fijada de antemano: es la que inaugura, antes de existir, la necesidad de preguntarse acerca de su estética y la única que partió de la posibilidad de no ser música.
Un genial recorrido por distintos países y líneas de creación, que van de Debussy en Francia, Wagner en Alemania, Schöenberg y el dodecafonismo, la música producida especialmente para ballet, su relación con la política, el azar en John Cage, entre muchas otras.
Si hay algo que caracteriza a la producción musical a partir del siglo xx, señala Diego Fischerman, es la diversidad estética: ya no hay una sola música y ni siquiera se aspira a ella. Esto supuso la búsqueda de nuevos principios constructivos, el protagonismo de nuevas variables sonoras y el desarrollo de un nuevo discurso, pero siempre en diálogo con la música del pasado.
