| 1 cuota de $61.400 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $61.400 |
| 2 cuotas de $30.700 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $61.400 |
| 6 cuotas de $13.522,33 | Total $81.133,96 | |
| 9 cuotas de $9.787,84 | Total $88.090,58 | |
| 12 cuotas de $7.950,79 | Total $95.409,46 | |
| 24 cuotas de $5.423,41 | Total $130.161,86 |
| 6 cuotas de $14.159,86 | Total $84.959,18 |
| 6 cuotas de $15.126,91 | Total $90.761,48 | |
| 9 cuotas de $11.517,28 | Total $103.655,48 | |
| 12 cuotas de $9.565,10 | Total $114.781,16 |
| 18 cuotas de $6.169,68 | Total $111.054,18 |
| 1 cuota de $61.400 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $61.400 |
El deporte (la construcción histórica de la actividad física que todos conocemos) es una fuente inagotable de desigualdad para las mujeres, y a pesar de ser, como nos dice Herminia Luque, una de las estructuras visibles del patriarcado, escapa con facilidad a cualquier crítica teórica sistemática. Sin embargo, el deporte, creado por y para varones (en su doble origen del olimpismo clásico-"coubertiniano" y el balompédico de la "high school"), segrega y discrimina por principio a las mujeres. Y cumple, además, a la perfección funciones pedagógicas de transmisión de valores y roles de masculinidad hegemónicos en todas las sociedades. Si históricamente el deporte se desarrolla como una preparación eficaz para la guerra, en la actualidad la simbiosis con un capitalismo global y multimediático lo convierte en un inmenso poder que sobrepasa incluso al poder político.
