Visitas Guiadas, Julián González

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Siempre sospeché que mucho antes que la poesía fue el viaje, y luego llegó la palabra, -cansada, feliz, los ojos súper abiertos y cubierta del polvo de los caminos-, para dar testimonio.  Julián González, con su “Visitas Guiadas” confirma mi sospecha. Y lo hace de la mejor manera. Si uno se para frente a un mapamundi y marca los más de quince lugares-destinos que se describen, cuentan y relatan, comprende que estos poemas no responden a una lógica geográfica, a un viaje lineal, planificado. Hasta se puede prescindir de los nombres de ciudades que dan título a cada poema y aun así seguiremos estando frente a un único, compacto y gran viaje. Lo mismo con los personajes que sirven de guías: son varios, y no por eso dejan de ser uno solo. La astronauta que al final de su viaje pide ser escuchada; Xi-Suki, el solitario cazador que a través de sus metáforas diluye el tiempo; dos adolescentes aislados en su propia danza del descubrimiento, de nombres híper cordobeses y en una ‘isla’ llamada Nva. Córdoba; Luigi, que encuentra el cauce de su creencia en el dios del azar de los videojuegos; el ciclista que concluye su experiencia sabiendo “que la realidad es una telaraña que cortamos con la frente cuando seguimos el camino”. Detrás de todas estas voces, la virtud de Julián González de haber encontrado ‘el sonido del viaje’, esa sonoridad que le va sacando la velocidad que le sobra al hecho de trasladarse, pero sin volverlo estático.

Lucas Tejerina

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