PIELES ROJAS, Alejandro Mendez Casariego

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Lo mejor era el miedo
que era como el del lobo que mide
la relación de fuerzas
por su olfato
y sabe que hambre o saciedad
son las dos caras, ambas perfectas, de la suerte.
Cada sendero bifurcado
era un señuelo del destino
Había que optar, trazar con un palito en la tierra
el mapa imaginario de lo desconocido
según las pendientes y los charcos
las malezas y las enramadas. Entonces alguien
decía la frase en blanco y negro, que hasta hoy sigue aquí:
“Los errores se pagan con la vida”
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