Ital Park, Mariano Favier

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Mariano Favier: "Me interesaba indagar en esa nostalgia que la televisión y las series alimentan todo el tiempo"
En su primera novela,"Italpark", el escritor construye una historia acerca de la trastienda de un parque de diversiones, donde el sacrificio y el riesgo de los empleados parece ser lo que sostiene el disfrute de los visitantes, atravesada por una mirada a veces nostálgica y otras plagada de oscuridad.
Por Claudia Lorenzón
El libro está estructurado en base a la historia de Giménez -un empleado del área de mantenimiento que interpretó personajes en el juego Laberinto del Terror- a la que se le une el derrotero de otros trabajadores, y los testimonios de visitantes que disfrutaron plenamente del vértigo de los juegos por el efecto de las drogas, o de quienes fueron estafados; de vagabundos o empleados de parques de diversiones de otros países.

 

Aunque se trata de una obra de ficción, la estructura basada en testimonios y la existencia cierta del Italpark en la Ciudad de Buenos Aires como parque de diversiones entre los años 60 y 1990 -cuando se cerró por un accidente que causó la muerte de una adolescente- lleva a pensar en un posible correlato con la realidad.

Y si bien eso no es así, Favier explica, en diálogo con Télam, que ese enfoque que da a la historia surgió, en parte, de la experiencia "de semiexplotación" laboral que tuvo en un parque temático porteño, que le dejó "cierto aire de misticismo o de comunidad con el lugar y con los compañeros" que ahora vuelca en el libro, editado por Marciana.

Favier nació en la ciudad bonaerense de San Justo en 1983, estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se especializó en Lectura, escritura y educación en FLACSO.

-Télam: ¿A partir de qué situación o experiencia surgió la idea de escribir esta novela?
-Mariano Favier: Nací en el 83, poco antes de la recuperación de la democracia, y llegué a visitar el Italpark dos o tres veces. Mi infancia transcurrió entonces en esa época y, ya adulto, me llamaba la atención lo lejano y ajeno que parecía ese mundo y, por otra parte, la insistencia con que se lo evocaba. Por qué los 80, porque es la que época que se asocia con más fuerza al Italpark, si bien abrió sus puertas en 1960. En ese sentido, la primera razón sería más una reflexión a partir del registro de mi infancia, del contraste entre ese registro y cierto archivo (publicitario, musical, cinematográfico) de esa década. La segunda razón tiene que ver con algo más concreto: trabajé en un conocido parque temático de Buenos Aires. De esa etapa laboral de semiexplotación y experiencias disímiles decidí tomar algo, cierto aire de misticismo o de comunidad con el lugar, con los compañeros, y llevarlo a un parque de diversiones.

-T: ¿Qué imagen o representación social tenías respecto de un parque de diversiones?
-M.F: Por un lado, la imagen de lugar de diversión, donde rige la máxima "prohibido aburrirse". Me interesaba que la novela tuviera algo de esa dimensión digamos hiperbólica en algunos personajes. El cine argentino hizo un poco eso con el Italpark, el decorado de las travesuras de Olmedo y Porcel. Por otro lado, está esa mirada del trabajador, que puede ser más cínica o desencantada, pero que en muchos casos conserva un grado de extrañeza: trabajar en un parque de diversiones no es lo mismo que trabajar en una oficina. Hay una relación particular con el entorno que se genera a partir de lo que se proyecta en ese lugar. Y finalmente hay una imagen más oscura, como el reverso siniestro de la primera. Una película que muestra eso es "Escape from tomorrow" y nada menos que en Disneyworld. Entonces, un parque de diversiones fantasmal, en ruinas. Un desafío para la trama de tipo realista que pareciera pedir una novela titulada Italpark.

- T: Lo que aparece en el libro es el "detrás de escena" de los trabajadores, de los juegos del parque, como si en realidad el parque de diversiones para funcionar necesitara de la infelicidad o el sacrificio de otros.