BAILACADABRA, CARLOS TORRES TANGARIFE

$950

La vecina que vive en el departamento de arriba tose, tose y tose. ¡Caof!, ¡caof!, ¡caof! No puedo dormir y no la culpo. En cambio mi mujer duerme tranquila, como si mañana no fuera a pasar nada en su vida. Boca abajo y aplastando la almohada, oigo su respiración lenta y por el borde del ojo veo el movimiento del ventilador del techo. La vecina tose. Hace calor y mis axilas están húmedas. El reloj de pilas alumbra y no quiero ver la hora. Todavía falta bastante para que sean las ocho. A esa hora mi mujer y yo saldremos rumbo a la clínica. La van a operar, me emociona saber que estas son las últimas horas de sus senos pequeños.

 En adelante los días serán distintos. Pronto la relación estrenará pechos. Es difícil reconocerlo, pero ya es necesario un cambio. Un verdadero cambio. Mi mujer y yo estamos aburriéndonos; por lo menos yo siempre encuentro lo mismo en ella. Jamás le dije “tus tetas no me gustan”, pues soy conciente que no tengo derecho a reclamarle que se cambie el cuerpo. La conocí así, sin nada al frente. Cuando me dijo que estaba pensando en ponerse unos implantes, que con ellos se sentiría más segura de sí misma, decidí apoyarla. Advierto: ella sola tomó la decisión. Se sometió a unos exámenes y todo salió bien. Ayer nomás se las pagué con el dinero que ahorré durante un año para ir de vacaciones a la costa.

Compartir: