Asfalto. Un road poem, Luis Chaves

$450

Poesía/Narrativa. Año 2014

Podría afirmar que hubo una voluntad de estilo pero no sería honesto. Eso se puede decir con la ventaja que da el paso del tiempo. En aquel momento en que caía a pedazos todo lo que me rodeaba, sólo tenía, lo mismo que con Historias Polaroid, una cosa clara: todo lo que no quería hacer. Tics líricos, anáforas, epígrafes, música corsé, esos y los demás signos externos de la poesía tópica cancelados y desterrados. Quería el lenguaje crudo, objetos reales, ni una sola explicación. Nada de utilería sentimental. Del lado narrativo, consciente de mis limitaciones, era claro que la historia daba para una distancia corta. Me fui quedando con los elementos mínimos necesarios. Ni siquiera la radiografía: Asfalto es el electroencefalograma de una novela.

Luis Chaves
Zapote, abril de 2012

Macrocosmos a 90 kilómetros por hora

Con la cabeza en ángulo abierto e inclinada ligeramente hacia la conductora, miraba las imágenes que huían por el techo corredizo como si ese agujero rectangular fuera un televisor: la pantalla horizontal donde se transmitía un largometraje diferente al del parabrisas. No el asfalto ni las líneas blancas intermitentes que precipitaban su paso conforme se acercaban en dirección opuesta al automóvil, no, sino los troncos y ramas invertidas de jacarandás y robles que dejaban entrever un fondo azul y las primeras estrellas de la que sería una noche clara y fresca. Los dos en silencio. Cada uno en su propia película. La cabina poblada por una calma parecida a la de sentarse a fumar en una mecedora, sólo que sin mecedora y sin fumar. Sin desviar la mirada de ese símbolo de prestigio y juventud que representa el sunroof, colocó su mano sobre la pierna derecha de la conductora. Un reflejo, un acto ajeno a cualquier premeditación. Un movimiento solitario, casi estúpido, que no perturbó el silencio cósmico de la cabina. Sólo dos personas que se conocen pueden compartir un silencio como ese. Sólo quienes han convivido aceptan la muda compañía de una existencia perfectamente desconocida. La garúa delicada del final de la tarde punteaba de cristales minúsculos el parabrisas y de alfileres invisibles el rostro del copiloto, que ahora observaba un cielo violeta cada vez más cóncavo. Dos cuerpos desplazándose en la misma dirección. Dos cabezas en universos separados por millones de años luz. La distancia sideral que los reunía.

Luis Chaves nació en San José, Costa Rica, en 1969. Publicó los libros de poesía El anónimo (1996), Los animales que imaginamos (1998), Historias Polaroid (2001), Cumbia (2003), Chan Marshall (2005), Asfalto. Un road poem (2006), Monumentos ecuestres (2011), La máquina de hacer niebla (2012) y La foto / Das Foto (2012) y los libros de narrativa El mundial 2010. Apuntes (2010), 300 páginas. Prosas (2010) y Salvapantallas (2014). Fue editor de la mítica revista de poesía joven hispanoamericana Los amigos de lo ajeno. En 2011 la Akademie Schloss Solitude de Stuttgart le otorgó la beca Jean Jacques Rousseau. Fue elegido como residente del Programa de Artistas en Berlín (DAAD) en 2015. Actualmente vive en San José, Costa Rica, con su esposa y sus dos hijas.

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